Lilypie Second Birthday tickers

sábado, 31 de diciembre de 2011

Abriendo los ojos a los regalos verdaderos de la navidad

La navidad es mágica cuando una es chiquita. Este año reviví mis navidades infantiles a través de tu experiencia participando activa y concientemente del festejo.

Todo empezó con una circular de tu guardería. Decía que debíamos preparar un paquete con un libro, un juguete y alguna prenda de vestir para que los alumnos entreguen a Papá Noel, quien en este festejo recibía y no daba regalos. Él a su vez los repartía a niños con menores posibilidades. El concepto, como todo lo que viene de "Morning Star Montessori", me encantó.

Así que empecé a hablar de la navidad como celebración en casa, saqué nuestros arbolitos y tú los decoraste sin dejarme meter mano, apropiadísima del asunto.
Siendo una familia pequeña, para que te familiarices con los elementos festivos de la época, comenzamos a ir a centros comerciales vestidos para la ocasión. Árboles llenos de luces y bombillos, Santa Claus en estatuas, carteles, en vivo y en directo.


Mi idea era que no veas a Papá Noél así de golpe en la guardería y te fueras a asustar, al fin y al cabo yo de chiquita adoraba a Chapana en la Tv y cuando vino a animar una fiesta de cumpleaños a mi casa no quise seprarme de mi papi de la impresión. Para el día de la entrega de regalos la directora de la guardería me dio chance de ir a tomar fotos para entregarles una a cada padre de familia con los reportes de fin de año. Yo le había preguntado si podía asistir y me dijo que no porque sino se le armaba un gentío, pero cuando necesitó fotógrafa me llamó y yo encantadísima de presenciar tu primer encuentro con Santa Claus. Todo salió bien, de hecho quisiste ser primera en irle a dar el paquete, pero para la foto saliste con cara de cédula de identidad, ¿qué habrás estado pensando?


Luego llegó el fin del año lectivo a inicios de diciembre. Entre tus trabajos vino tu primera tarjeta para esta temporada festiva, que puse conmovida junto al árbol, y que luego estuvo flanqueada de la que nos llegó de mi amiga Xime Basabe desde Toronto y de mi Tío Yoyo desde New York. Mandamos a Ecuador las primicias de tus obras de arte junto con tu primera foto escolar a los abuelos y las tías. Fuimos a tu primer concierto de navidad donde me descosí llorando hasta por los guambras que se "graduaban" e iban a primaria. Pensé que ya ése era el pico de las emociones fuertes del día hasta cuando abrí el sobrecito que tu profesora, Grace, me entregó. Leí que estabas lista para subir del grupo amarillo al verde cuando la escuela reabriera en enero. "Emocionalmente madura, independiente e intelectualmente preparada" fueron las palabras exactas. Tuve un vacío en la boca del estómago que me duró todo el mes: una mezcla letal entre la satisfacción de que no sólo es mi orgullo materno el que te ve brillante y avesada sino también la evaluación formal de tu guardería, y el susto de que te me crezcas así de golpe que por pilas te suban de nivel y termines siendo la menor de la clase. Invité extraoficialmente a la profe y su asistente a almorzar un posole mexicano que me quedó delicioso y aproveché para interrogarles sobre las destrezas que debías dominar para pasar al siguiente nivel: esto de ser una madre involucrada requiere mucha lectura, harta pregunta y presta participación. El shock se me fue pasando al darme cuenta, una vez más, que siempre tú me llevas la delantera y que era yo quien no estaba preparada para que mi pequeñita no cumpla un año completo en su primer ciclo de educación formal, que era lo que yo esperaba, sino que en dos períodos estés ya al otro lado lista para lo siguiente.



En una de esas visitas al centro comercial, núcleo de la vida pretoriana a falta de espacios públicos que se puedan disfrutar sin la sombra de la delincuencia, te me soltaste y fuiste directo a la zona donde habían unas hadas que pintaban las caritas de los niños. Te pusiste a la fila solita y yo me quedé observando a la distancia a ver qué pasaba. Cuando te tocó el turno, autorepresentada y dueña de tí misma te encaramaste al banquito y le dictaste los colores que querías al hada lila con azul. Nunca te he visto más quietita, siguiendo las instrucciones para que cierres los ojos y hagas puchero para pintalabios. De hecho, esta aparentemente inocente experiencia fue la introducción al maquillaje que no esperaba yo en mucho tiempo: andas poniéndote crayón en los labios y hasta polen en los párpados, lo que sea que tenga color, desde ese día se aplica a la cara según tú. En fin, volviste toda guapeada a mostrarme la hazaña y me dijiste que querías ir a ver a Father Christmas, como le llaman acá. Él quedó prendado, te abrazó y estaba alistándose para la foto de rigor del kiosko hasta cuando tuve que prometer que volveríamos a falta de plata en efectivo. Pasaron un par de días y tú repitiéndo que querías ir a ver todos estos personajes encantados. Otra vez pasamos por las hadas que ya se sabían tu nombre, la fotógrafa de Papá Noél te apodó "the doll" y así se refirió a tí delante de todo el resto de la clientela que no tuvo tanto halago para sus hijos. Esta vez ya saliste cacheraza en la foto porque además el tema del regalo te quedó gustando y más aún si venía con chocolate auspiciado por Lindt. "Jingle bells" es tu nueva canción favorita, saludas a cualquiera que se te cruce con un "merry christmas and happy new year" sacando sonrisas por doquier y cualquier amasijo de plastilina, piedrita o pintura lo regalas con cariño diciendo "this is a present for you, there you go!" con el respectivo beso y abrazo. Nos iluminaste esta navidad que nunca se borrará de mi memoria como la más feliz de todas, en estos primeros 33 años de mi vida.


Y esa felicidad la compartimos con Catherine, la señora que trabaja en casa, y su familia, a quienes invitamos para el almuerzo de navidad que preparamos. Jugaste a la par con María de 11 y Keneliwe de 9 en el trampolín y la piscina que llené de burbujas para gozo de ustedes, además de cuidar amorosa a Sophie, la bebé de 10 meses en honor a la cual nombraste a tu muñeca negra que te regaló la Ouma Julia.


Gracias a la vida por el mejor regalo del universo, ¡tú en nuestras vidas!

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