Lilypie Second Birthday tickers

jueves, 29 de julio de 2010

NUESTRO ABRAZO ÍNTIMO

Cuando recibí el resultado positivo de la prueba de embarazo, un millón de incógnitas rodearon mi estatus de futura mamá. Nunca fui wawera: rodeada de gente mayor, con hijos más grandes que yo, los niños menores no me hacían mucha gracia. Cuando llegó mi ñaño no participé de los pañales, las papillas, los juegos: ya a los 9 años estaba en otra fase de mi crecimiento.
De pronto al saber que estabas dentro mío, me asusté de estar completamente perdida en la materia que más importaba para tí. No tenía idea de estimulación temprana, acercamientos didácticos, corrientes de crianza, terminología especializada ni nada que tuviera que ver con bebés. La responsabilidad me abrumó: me sentía como si me hubiera preparado para ser una literata y de pronto me asignaran a un trabajo de física nuclear en una cuenta regresiva de 9 meses para desempeñarme como la cabeza de una planta vital para el mundo energético.
Más perdida que perro en misa, al final de todo ese túnel de dudas siempre hubo algo que tuve claro: quería darte de lactar el mayor tiempo posible. Sabía que era lo mejor del mundo.
En realidad me parecía un camino natural más que una opción. Pero poco a poco descubrí que debía tratar éste, como todos los demás pasos que demos en tu preparación al mundo que nos ha tocado vivir, como una decisión tomada que no de paso a los comentarios que van en contra.
Desde antes de que nazcas hubo voces advirtiéndome que la lactancia dolía más que el parto mismo, que es un sacrificio. Algunas que fueron mamás contemporáneas abogaban porque la leche de tarro tiene los mismos beneficios y es más conveniente para la mamá. En el hospital las enfermeras me atocigaban diciendo que para que no te deshidrates te querían complementar con fórmula. Hasta los más cercanos comenzaron con la cantaleta de que si llorabas era porque te quedabas con hambre y que mi leche no era suficiente, o que debería darte biberón para que tenga más libertad de irme y dejarte encargada. Hasta llegaron a decirme que las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud son para gente pobre que si no lacta a sus bebés los desnutre por falta de dinero para proveer otra leche y comida. Todo esto hasta tus 6 meses, que es precisamente el período mínimo en que una bebé necesita que su mamá la cultive: la leche materna es básicamente fuente de alimentación, que nutre pero también proporciona defensas inmunológicas que ningún sustituto logra igualar. Pero sobretodo es un vínculo de contacto sensorial y emocional que enseña a hija y madre a asumir y disfrutar sus roles aprendiendo constantemente la una de la otra de una forma diseñada por la más perfecta de las madres: la naturaleza. Desde que mi vientre empezó a redondearse, cuando te traje a la vida y luego en nuestro abrazo íntimo de lactancia durante todo este tiempo he podido contactarme con la realidad de que el ser femenino; su cuerpo, mente y alma, son una obra de ingeniería y arte combinadas. Sublimes y perfectas.
No he olvidado aún lo extenuante de las primeras 6 semanas cuando lactabas cada 3 horas y ni bien terminabamos de lidiar con el cólico, paseándote y sacándote los gases, tratando de que duermas algo y nosotros hacer lo propio, otra vez ya era tiempo de tomar tetita. No han dejado de dolerme los mordiscos y tirones eventuales desde que tienes dientecitos. Pero tampoco he dejado de notar que mientras tú ganas centímetros y kilos yo los pierdo y así ambas estamos sanas y felices; no se me borrarán jamás tus ojitos de placer, tu sonrisa de satisfacción, tus acurrucadas cómplices y caricias tibiecitas; ni he pasado por alto que, como cantaba la Negra Sosa, "cuando todo está perdido yo vengo a ofrecer mi corazón" (latente debajo de mi seno lleno de vida líquida en esos días en que no hay cómo consolarte con nada más eficaz).
Esta semana, la primera de agosto, el mundo celebra la lactancia materna o natural.
Y yo celebro que tu aún lactes a puertas de tu primer añito que estás por cumplir el 3 del mes, aunque ahora parezcamos un acto del Cirque du Solei ya que a ratos te contorsionas sobre mi regazo, pasas de acuclillarte a arrodillarte y finalmente a incorporarte (todo esto sin haber soltado la TE-TI-TI-TI-TI-TA como la llamas con mirada enamorada y sonrisa amplia).
Te amo, tu Mamá.

sábado, 24 de julio de 2010

TU DÉCIMO PRIMER MES

Este mes siguiste regalándonos la frescura de las primeras veces, cuando te sostuviste parada sin apoyo por unos segundos, con esa sonrisa de 8 dientes resplandecientes y naricita arrugada, manos abiertas y pelos parados.
También cuando aprendiste a usar sorbete para beber, cuando diste tu primer par de pasitos con el papi recién llegado de la oficina mientras yo colgaba la ropa fuera luego de un día un tanto largo y me perdí el momento "kodak".
Te enseñé a mandar besos volados -para lo cual confío que con el tiempo, te pongas un poco más selectiva que ahora- y a acariciarme el cabello en vez de que lo jales cuando te estás adormeciendo, ¡eres una delicia!
A tus 11 meses te llevamos a ver vacas en una granja lechera: te deben haber parecido super exóticas porque hasta ahora todo ha sido leones, jirafas, elefantes, kudus, zebras y animales bien africanos. Haces con las manos una especie de baile flamenco cuando te canto "saco la manito, la hago bailar, la cierro, la abro y la vuelvo a guardar" y luego te aplaudes a tí misma.
Me da un gusto enorme verte agarrar un muslo de pollo o una mazorca de choclo y comer solita.
Además has descubierto el placer de los libros, pero por lo pronto te dedicas a sacarlos uno por uno de sus estanterías: los que más te gustan son la versión de bolsillo de la nueva Constitución del Ecuador (para arrancarle algunas páginas) y el Diccionario Oxford (para pararte sobre él como escalera): cuando vengo a decirte que eso no se hace, tú misma niegas con la cabeza, dices "ah ah" en tono de prohibición, y por supuesto, luego sigues luchando con las novelas de tapa gruesa... Terminaste las clases para aprender a flotar en caso de accidente en el agua después de dos meses e hiciste la transición para la natación estilo perrito: ya me toca quedarme fuera de la piscina, mirándote chapotear y patalear feliz con las tortugas, cangrejos y patos plásticos.
Hasta el mes pasado llorabas si salía de la habitación donde estuviésemos pero ahora dices "ta ta" y te despides agitando la manito y sigues con tus juegos al menos por 8 minutos hasta que gritas "mama" para comprobar dónde ando. Ha sido un mensaje claro de lo rápido que estás creciendo que me ha traído sentimientos encontrados: trato de aprovechar el día a día con tantos aprendizajes que absorves y que a la vez me enseñas, pero este mes ha sido ya lleno de recuerdos que parecen cercanos desde que nos escogiste como tus papás y no puedo digerir del todo que ya va a ser un año...