De pronto al saber que estabas dentro mío, me asusté de estar completamente perdida en la materia que más importaba para tí. No tenía idea de estimulación temprana, acercamientos didácticos, corrientes de crianza, terminología especializada ni nada que tuviera que ver con bebés. La responsabilidad me abrumó: me sentía como si me hubiera preparado para ser una literata y de pronto me asignaran a un trabajo de física nuclear en una cuenta regresiva de 9 meses para desempeñarme como la cabeza de una planta vital para el mundo energético.
Más perdida que perro en misa, al final de todo ese túnel de dudas siempre hubo algo que tuve claro: quería darte de lactar el mayor tiempo posible. Sabía que era lo mejor del mundo.
En realidad me parecía un camino natural más que una opción. Pero poco a poco descubrí que debía tratar éste, como todos los demás pasos que demos en tu preparación al mundo que nos ha tocado vivir, como una decisión tomada que no de paso a los comentarios que van en contra.
Desde antes de que nazcas hubo voces advirtiéndome que la lactancia dolía más que el parto mismo, que es un sacrificio. Algunas que fueron mamás contemporáneas abogaban porque la leche de tarro tiene los mismos beneficios y es más conveniente para la mamá. En el hospital las enfermeras me atocigaban diciendo que para que no te deshidrates te querían complementar con fórmula. Hasta los más cercanos comenzaron con la cantaleta de que si llorabas era porque te quedabas con hambre y que mi leche no era suficiente, o que debería darte biberón para que tenga más libertad de irme y dejarte encargada. Hasta llegaron a decirme que las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud son para gente pobre que si no lacta a sus bebés los desnutre por falta de dinero para proveer otra leche y comida. Todo esto hasta tus 6 meses, que es precisamente el período mínimo en que una bebé necesita que su mamá la cultive: la leche materna es básicamente fuente de alimentación, que nutre pero también proporciona defensas inmunológicas que ningún sustituto logra igualar. Pero sobretodo es un vínculo de contacto sensorial y emocional que enseña a hija y madre a asumir y disfrutar sus roles aprendiendo constantemente la una de la otra de una forma diseñada por la más perfecta de las madres: la naturaleza. Desde que mi vientre empezó a redondearse, cuando te traje a la vida y luego en nuestro abrazo íntimo de lactancia durante todo este tiempo he podido contactarme con la realidad de que el ser femenino; su cuerpo, mente y alma, son una obra de ingeniería y arte combinadas. Sublimes y perfectas.
No he olvidado aún lo extenuante de las primeras 6 semanas cuando lactabas cada 3 horas y ni bien terminabamos de lidiar con el cólico, paseándote y sacándote los gases, tratando de que duermas algo y nosotros hacer lo propio, otra vez ya era tiempo de tomar tetita. No han dejado de dolerme los mordiscos y tirones eventuales desde que tienes dientecitos. Pero tampoco he dejado de notar que mientras tú ganas centímetros y kilos yo los pierdo y así ambas estamos sanas y felices; no se me borrarán jamás tus ojitos de placer, tu sonrisa de satisfacción, tus acurrucadas cómplices y caricias tibiecitas; ni he pasado por alto que, como cantaba la Negra Sosa, "cuando todo está perdido yo vengo a ofrecer mi corazón" (latente debajo de mi seno lleno de vida líquida en esos días en que no hay cómo consolarte con nada más eficaz).
Esta semana, la primera de agosto, el mundo celebra la lactancia materna o natural.
Y yo celebro que tu aún lactes a puertas de tu primer añito que estás por cumplir el 3 del mes, aunque ahora parezcamos un acto del Cirque du Solei ya que a ratos te contorsionas sobre mi regazo, pasas de acuclillarte a arrodillarte y finalmente a incorporarte (todo esto sin haber soltado la TE-TI-TI-TI-TI-TA como la llamas con mirada enamorada y sonrisa amplia).
Te amo, tu Mamá.

Sin palabras!!!! Hermoso!
ResponderEliminarMi Franca preciosa: Me siento muy orgulllosa de mi hija, tu mamá y ahora más que nunca cuando ha experimentado lo más sublime de la relación madre-hija con la lactancia. Tienes la suerte de haber sido amamantada tu primer añito de vida y con ello el amor, la ternura, la belleza de lo natural y tu mamá te da el mejor regalo de amor y vida hoy y siempre. Les amo a las dos.
ResponderEliminarOuma Julia