Mi chulpi hermosa:
Una mañana de hace un par de semanas, después de ducharme, tuvimos la siguiente conversación:
Tú- mami Franca want drink tetitas.
Yo- my little weasel, there's no more milk in mami's tetitas, you've drank for 2 years so now there's nothing; the tetitas are tired. But it doesn't matter because we can always be close laying down together, hugging a lot and you can even kiss and hold them, but no more drinking.
Tú- Franca loves tetitas (apretándose fuertemente contra mi pecho y hablando en tono dulce de mimos mientras acaricia a quienes fueron su alimento, consuelo, escudo y hermanas durante 2 años).
Tuve que tragar grueso y sonreír. Supe que éste es el primero de muchos fines de capítulo en los que tu crecimiento es evidente: aprendes a conjugar en la primera persona del singular y dejas atrás a la primera del plural: hasta ahora eramos ambas una sola compartiendo cabeza y corazón. No más. Recuerdo que el sentido de darles alas a los hijos es que aprendan a volar, pero a la madre lo que le queda es un cocktail de nostalgia por la etapa superada y orgullo por la conquista de la que empieza.
Hoy cuento los últimos metros de un camino que, no por tener final feliz, haya seguido esa tónica siempre. El inicio del destete lo discutimos como pareja el Juano y yo desde que cumpliste un año y tu rutina incluía lactar 4 veces diarias. Poder tener un par de horas que fuesen mías personales -después de no desconectarme de tí nunca durante los primeros 12 meses- implicaba quitarte la toma de la noche, cuando es tiempo de papá y Franca: no fue taaaan complicado porque si bien protestaste, el Juano supo manejar la transición jugar-ducharse-cenar y dormirse sin mucha intervención materna. Claro, tú supiste compensar durante el día ese pequeño desplazamiento de tu lugar favorito en el mundo. El siguiente paso fue quitarte la primera de la mañana, para lo cual el clima pretoriano contribuyó crucialmente: te despertabas a las 5h30 pero ya había luz y temperatura agradable dentro de casa: iniciábamos el día ya con actividades para distraerte del modus operandi previo en el cual te metíamos a la cama con nosotros para poder descansar un ratito más y obvio, ahí tú te enchufabas a mí. Quedaron entonces solamente 2 tomas diarias para las siestas de media mañana y media tarde.
El cuadro del primer semestre del 2011 era así: a las 11 a.m. llegaba el cansancio y con él tu lloradera intensa, ya no sólo con una razón detrás sino con un propósito. El problema era que aunque te durmieras, apenas te dejaba en la cama el berreo era extremo ¡y no hay forma de moverse libremente con una niña de 10, 77 kg y 79 cms. en los brazos! Cargar contigo una hora mientras intentaba tener listo el almuerzo no era lo más sano ni para mi espalda, ni para mi ánimo. Como advirtieron los libros sobre "toddlers", dejaste de dormir por las tardes pero eso no era motivo para olvidarte de lactar: ahora explorabas el mundo y con cada susto, golpe o disgusto pedías "tetiiiiiita" a gritos para calmarte. Contrario a lo que yo pensé, estas 2 tomas fueron las más tormentosas de reemplazar. Entramos en un ciclo de tú ponerte pegajosísima y nosotros irritables. Hasta que el Juano un día determinó que no podía haber más tetita si la cosa seguía así. La decisión fue tajante y de aplicación inmediata.
Ambas lo sentimos: mientras tú clamabas "mami come here, tetiiiita please" yo me sentía miserablemente culpable, y ni se diga tu pobre papi que debía bancarse mi cara de angustia, tus alaridos en la oreja y el peso de ser quien hace lo necesario para movernos hacia adelante, aunque duela. Esa semana fue dramática: finalmente te dormías resollando la hora completa de siesta, colorada e hinchada de tanto llanto. Tu comportamiento pasó a ser muy vulnerable conmigo -querías estar cargada todo el tiempo- y abiertamente resentido con el Juano -no más besos ni abrazos, ni solicitados, peor espontáneos-. La siguiente semana, principios de mayo y de invierno en el hemisferio sur del planeta, decidí suavizar un poco la medida sin desviarnos del proceso: papá también había pedido que empieces a ir a la guardería (ver entrada previa, mes 22). Seguías despertándote a las 5h30 pero hasta una hora después la oscuridad y el frío nos envolvían, así que para que no sientas el destete como un desarraigo punitivo, yo te volvía a meter junto a mí en la cama en ese abrazo solo nuestro mientras el papi se iba a correr desde tempranísimo: a estas alturas del partido ya era un acto 100% de alimento para tu alma más que para tu cuerpo. Al poco rato te incorporabas diciendo "finish! Franca want banana" o "want school". La idea era darte seguridad para arrancar la jornada y que luego ya sigas sin el refuerzo emotivo de la lactancia, que fue tomando formas de sesiones de cocina juntas, de hacer formas con plastilina los 3 o saltar en el trampolín del jardín con el papi.
Finalmente, a 2 semanas de tu segundo cumpleaños, has dejado de lactar. En vez, metes tu mano juguetona en mi blusa y te ríes pícara diciéndoles algún cariño a las que llamas "my tetitas".
Ahora, que eres una pequeña niña de 13 kg. y 83 cm. y ya no la bebé de hasta hace poco, empezamos una siguiente etapa que espero nos dure toda la vida: la de abrazarnos llenas de amor y pereza como esta mamá gata abraza a su cría. Te amo por siempre, Mamá.
El Tinkui, en kichua, significa renovación de energía y reencuentro de sí mismo, innovación para ser mejor. La llegada de Franca al mundo y nuestra nueva vida en África son el motivo de esta bitácora para compartir nuestro propio Tinkui.
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jueves, 28 de julio de 2011
jueves, 29 de julio de 2010
NUESTRO ABRAZO ÍNTIMO
De pronto al saber que estabas dentro mío, me asusté de estar completamente perdida en la materia que más importaba para tí. No tenía idea de estimulación temprana, acercamientos didácticos, corrientes de crianza, terminología especializada ni nada que tuviera que ver con bebés. La responsabilidad me abrumó: me sentía como si me hubiera preparado para ser una literata y de pronto me asignaran a un trabajo de física nuclear en una cuenta regresiva de 9 meses para desempeñarme como la cabeza de una planta vital para el mundo energético.
Más perdida que perro en misa, al final de todo ese túnel de dudas siempre hubo algo que tuve claro: quería darte de lactar el mayor tiempo posible. Sabía que era lo mejor del mundo.
En realidad me parecía un camino natural más que una opción. Pero poco a poco descubrí que debía tratar éste, como todos los demás pasos que demos en tu preparación al mundo que nos ha tocado vivir, como una decisión tomada que no de paso a los comentarios que van en contra.
Desde antes de que nazcas hubo voces advirtiéndome que la lactancia dolía más que el parto mismo, que es un sacrificio. Algunas que fueron mamás contemporáneas abogaban porque la leche de tarro tiene los mismos beneficios y es más conveniente para la mamá. En el hospital las enfermeras me atocigaban diciendo que para que no te deshidrates te querían complementar con fórmula. Hasta los más cercanos comenzaron con la cantaleta de que si llorabas era porque te quedabas con hambre y que mi leche no era suficiente, o que debería darte biberón para que tenga más libertad de irme y dejarte encargada. Hasta llegaron a decirme que las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud son para gente pobre que si no lacta a sus bebés los desnutre por falta de dinero para proveer otra leche y comida. Todo esto hasta tus 6 meses, que es precisamente el período mínimo en que una bebé necesita que su mamá la cultive: la leche materna es básicamente fuente de alimentación, que nutre pero también proporciona defensas inmunológicas que ningún sustituto logra igualar. Pero sobretodo es un vínculo de contacto sensorial y emocional que enseña a hija y madre a asumir y disfrutar sus roles aprendiendo constantemente la una de la otra de una forma diseñada por la más perfecta de las madres: la naturaleza. Desde que mi vientre empezó a redondearse, cuando te traje a la vida y luego en nuestro abrazo íntimo de lactancia durante todo este tiempo he podido contactarme con la realidad de que el ser femenino; su cuerpo, mente y alma, son una obra de ingeniería y arte combinadas. Sublimes y perfectas.
No he olvidado aún lo extenuante de las primeras 6 semanas cuando lactabas cada 3 horas y ni bien terminabamos de lidiar con el cólico, paseándote y sacándote los gases, tratando de que duermas algo y nosotros hacer lo propio, otra vez ya era tiempo de tomar tetita. No han dejado de dolerme los mordiscos y tirones eventuales desde que tienes dientecitos. Pero tampoco he dejado de notar que mientras tú ganas centímetros y kilos yo los pierdo y así ambas estamos sanas y felices; no se me borrarán jamás tus ojitos de placer, tu sonrisa de satisfacción, tus acurrucadas cómplices y caricias tibiecitas; ni he pasado por alto que, como cantaba la Negra Sosa, "cuando todo está perdido yo vengo a ofrecer mi corazón" (latente debajo de mi seno lleno de vida líquida en esos días en que no hay cómo consolarte con nada más eficaz).
Esta semana, la primera de agosto, el mundo celebra la lactancia materna o natural.
Y yo celebro que tu aún lactes a puertas de tu primer añito que estás por cumplir el 3 del mes, aunque ahora parezcamos un acto del Cirque du Solei ya que a ratos te contorsionas sobre mi regazo, pasas de acuclillarte a arrodillarte y finalmente a incorporarte (todo esto sin haber soltado la TE-TI-TI-TI-TI-TA como la llamas con mirada enamorada y sonrisa amplia).
Te amo, tu Mamá.
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