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lunes, 30 de enero de 2012

Inaugurando el 2012

Hoy me sobrepasó la emoción, de una manera intensamente alucinante, como fue con cada uno de tus hitos en el primer año.
Este evento fue comparable con tus primeros pasos a los 13 meses...
Después de 21 meses de clases de natación, que empezaste a los 8 meses para flotar en caso de accidente en la piscina, hoy te soltaste a nadar solita. A nadar de verdad.

La lección empezó con lo usual:
1) La tabla para postura y patadas,
2) El fideo para remar y patalear,
3) Los ejercicios con la profe como "monkey walks" para sostenerte del filo de la piscina; "humpty dumpty" para caer dentro, girar y agarrarte al filo y "little star" para flotar con brazos y piernas extendidos.
4) Entonces venía la parte de "shoot and dive". La inmersión quedó para otro día porque aquí fue cuando de a poco la profe Sam se fue alejando de la plataforma que hay en medio de la piscina, desde la cual tú te impulsas poniendo tus manitas juntas como punta de lápiz sobre la cabeza yendo hacia ella. Con cada repetición ella iba un paso más lejos y tú hecha a la idea del ejercicio, dejaste de buscar sus brazos 'salvadores' para concentrarte en nadar estilo perrito hasta llegar a ella.
Fue ahí que Sam me llamó más cerca y dijo "you have to see this". Lo repetiste, sin la angustia de mantener la cabeza fuera del agua sino avanzando el metro y medio que había entre la plataforma y la instructora, escupiendo el agua que te entraba a la boca cuando te hundías un poquito, tranquila y sonreída.

¡Qué emoción tan fuerte mientras te apapachaba con todo y terno de baño mojado, de festejar tu progreso como si de él dependiera la evolución de la especie, la felicidad de poder presenciar tus logros cuando conquistas algo por primera vez, las ganas de contarle a todo el que se cruce en mi camino que mi chulpi ya nada solita!
Cuando llegamos a casa celebramos con unas paletas heladas caseras que hicimos juntas ayer: para tí la de frutilla, vinagre balsámico y albahaca, para la mami la de café, cardamomo y esencia de alemendra: ¡un gran premio para un gran día!

sábado, 24 de julio de 2010

TU DÉCIMO PRIMER MES

Este mes siguiste regalándonos la frescura de las primeras veces, cuando te sostuviste parada sin apoyo por unos segundos, con esa sonrisa de 8 dientes resplandecientes y naricita arrugada, manos abiertas y pelos parados.
También cuando aprendiste a usar sorbete para beber, cuando diste tu primer par de pasitos con el papi recién llegado de la oficina mientras yo colgaba la ropa fuera luego de un día un tanto largo y me perdí el momento "kodak".
Te enseñé a mandar besos volados -para lo cual confío que con el tiempo, te pongas un poco más selectiva que ahora- y a acariciarme el cabello en vez de que lo jales cuando te estás adormeciendo, ¡eres una delicia!
A tus 11 meses te llevamos a ver vacas en una granja lechera: te deben haber parecido super exóticas porque hasta ahora todo ha sido leones, jirafas, elefantes, kudus, zebras y animales bien africanos. Haces con las manos una especie de baile flamenco cuando te canto "saco la manito, la hago bailar, la cierro, la abro y la vuelvo a guardar" y luego te aplaudes a tí misma.
Me da un gusto enorme verte agarrar un muslo de pollo o una mazorca de choclo y comer solita.
Además has descubierto el placer de los libros, pero por lo pronto te dedicas a sacarlos uno por uno de sus estanterías: los que más te gustan son la versión de bolsillo de la nueva Constitución del Ecuador (para arrancarle algunas páginas) y el Diccionario Oxford (para pararte sobre él como escalera): cuando vengo a decirte que eso no se hace, tú misma niegas con la cabeza, dices "ah ah" en tono de prohibición, y por supuesto, luego sigues luchando con las novelas de tapa gruesa... Terminaste las clases para aprender a flotar en caso de accidente en el agua después de dos meses e hiciste la transición para la natación estilo perrito: ya me toca quedarme fuera de la piscina, mirándote chapotear y patalear feliz con las tortugas, cangrejos y patos plásticos.
Hasta el mes pasado llorabas si salía de la habitación donde estuviésemos pero ahora dices "ta ta" y te despides agitando la manito y sigues con tus juegos al menos por 8 minutos hasta que gritas "mama" para comprobar dónde ando. Ha sido un mensaje claro de lo rápido que estás creciendo que me ha traído sentimientos encontrados: trato de aprovechar el día a día con tantos aprendizajes que absorves y que a la vez me enseñas, pero este mes ha sido ya lleno de recuerdos que parecen cercanos desde que nos escogiste como tus papás y no puedo digerir del todo que ya va a ser un año...

lunes, 17 de mayo de 2010

TU OCTAVO MES

Adorada Chulpi, eres un ser de luz y a esa velocidad estás creciendo, sin darme respiro para digerir los hitos que rebazas a diario entre toda la atención que te dedico. Ocho meses, ocho kilos, ocho dientes: bien simétrica en tu desarrollo resultaste.
Empezó la etapa móvil y estoy segura que lo que quieres es volar: al principio arrastraste esa pancita de pettite buddha sin enterarte que los brazos existían, sólo empujabas las piernas como resortes para impulsarte hacia adelante -en donde había que ponerte algún artefacto de carnada, de preferencia algo que no sea propiamente un juguete: el control remoto funcionó para el efecto-. Luego de semana y media de sacarle brillo al piso como un renacuajo nadando en las baldosas, comenzaron a despertar tus músculos: fuiste la reina de la descoordinación y te frustrabas pronto al tratar de ganar terreno, pero como el mes anterior descubriste cuánto te divertía rebotar mientras estabas sentada, ahora tu actividad favorita es quedar en ángulo de 45º con palmas de manos y plantas de pies sobre el piso y hacer flexiones rebotando las piernas mientras brazos y hombros se fortalecen sosteniendo tu peso. Eres una payasita, como dice tu taita, porque sabes perfectamente que causas gracia cuando acompañas este movimiento con un sonidito rítmico que también despliegas cuando tu papá te hunde contra la cama apretándote el rabito para sacarnos carcajadas en cada cambio de pañal.
Precisamente porque desde ahora hasta como los 2 años, la posición preferida de los bebés es de panza abajo para poder moverse a su antojo, las clases de natación no podían esperar más: el primer paso es aprender a flotar. Nos metemos juntas a la piscina y jugamos felices hasta que la profesora te acuesta sobre el agua, sosteniéndote desde la nuca, y te va dando toquecitos para que sepas manejar tu cuerpo. Son un montón de nuevas sensaciones para tí que te asustas y lloras con los puños apretados mientras tratas de enderezarte y para mí que tengo que refrenar las ganas de protegerte para que puedas aprender seguridad en el agua. La instructora lee en mi rostro la expresión de angustia disfrazada de sonrisa para darte ánimos y me dice "es duro, pero es por su bien, y la única que puede resistir esto es la madre: normalmente si llegan a venir el papá, la abuela o la niñera de los niños, encuentran demasiado torturante el asunto". Es la primera de interminables experiencias duras para ambas, pero estamos juntas en ello mi pequeñita.