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lunes, 1 de junio de 2009

¿cuánto te podemos conocer?


Franca... hola pequeña.

Estas últimas semanas te he descubierto de maneras distintas. Fuimos con tu mama al hospital para verte con una máquina que dice que hace que te veamos como supuestamente eres. La verdad de las verdades es que este tema de la tecnología es impresionante. Te vimos moverte, abrir los ojos, la boquita, pero lo más impresionante fue verte la carita las fotos y la peli les mandamos a tus abuelos, tíos y primos.

Imaginarnos que Franca ya tiene un rostro. Ya tienes gestos, que abres los ojos y la boca, que juegas en la pancita de tu mama metiéndole unos patazos que no te imaginas como le ponen! Te haces más intensa en nosotros. Tu mama te disfruta a tope (con molestias y todo) las 24 horas del día a mi me toca las noches cuando me hago nudo en el sobre con ella, o cuando le amazo la panza y los pechos con crema de cacao… A tu mama le gusta porque le previenen las estrías, a mi en cambio me encanta porque puedo conversar un rato contigo , molestarte, y compartir con tu mama como sacas las patitas por los costados, la cabeza por la ingle, la espalda o los brazos por el pupo…

¡El pupo! tu mama se está muriendo porque dice que le está desapareciendo. Pero la verdad, es que le estás haciendo que nos muestre por dentro el pupo precioso que tiene. Cada día está más afuera… no te imaginas lo lindo que está. Tiene un lunar adentro! Tienes que ver las fotos de la panza que estás moldeando! Nosotros te ayudamos, tu mama te canta y pone música, te cuenta lo que hacemos en el día, yo te cocino, te cuento cosas y sobretodo juego!



La semana pasada te soñé. ¡Sueño intenso! Variadito y colorido, emocionante guambra! Me toco recibirte cuando nacías… verás… cuando crezcas tienes que leer a un par de tipos bien locos pero alucinantes… se llaman Freud y Jung. Cuando me toco leerles estos manes intensificaron mis sueños hace algunos años. Y la semana pasada, me hiciste soñar con la intensidad de esos días pasados leyendo a Carl Jung…



Estaba como en los páramos de Zumbahua en Cotopaxi. Andaba corriendo… de repente venia una moto como la que tenemos en la casa con tu mama que tiene un asiento alado. Tienes que verle a tu mama como Aristogatos sentada en el lado cuando andamos en la máquina. La cosa es que el conductor y su compañero nos querían atacar así que logramos esquivarles, quitarles de nuestro camino y abrir una puertita, tipo dimensión desconocida, que me permitió pasar a una cancha de fútbol (así son los sueños de recursivos y maravillosos), creo que era la cancha del San Gabriel porque se veía clarito Quito, toda la cordillera con el Antisana al fondo y los edificios de la González Suárez… todavía está confuso para mi que mismo pasaba. La cancha estaba como con contenedores y mesas. En uno de ellos andaban unos amigos queridos que algún rato les conocerás: Panchito, Alvaro, Jaime… jugaban cartas. A mí no me gustan, pero me hicieron sentar a jugar… estábamos hechándo baraja cuando apareció al fondo la Carolina Lavin… chistoso… una amiga que vive en Nueva York y creo que se dedica a diseño de moda. Salió de la nada… con el Pichncha atrás venia caminando hacia nosotros como en una pasarella con una luz super brillante detrás y como con viento revolotenando su pelo negro negro… pero más raro Franca fue la aparición de una cantidad de chicas del Liceo Internacional – estoy casi seguro que eran compañeras de tu tía Vero… no me acuerdo los nombres pero si les veo en fotos seguro les ubico. El tema con ellas es que venían con guaguas en los brazos algunas, otras en coches y otros guaguas caminando de la mano… rarazo!!! Qué tienen que ver ellas en mi sueño me pregunte y cuando regresé a ver a mis amigos ya no estaban, habían desaparecido… me levante de la mesa para ver como el horizonte y disfrutar de Quito… pero sentí que algo me inquietaba!!!

Tenía que salir de ahí! Tenía que llegar hasta un hospital que estaba donde es el Hospital Militar, pero no era ese hospital. Salí corriendo hacia uno de los contenedores donde entraba la gente que te conté. Y cuando abrí la puerta me estaba bajando de un taxi en plena 12 de Octubre con Patria… pero además me bajaba peleando con un conductor que quería robarme y cobrarme más de lo que costaba la llevada hasta allá.

El chofer era rarísimo! Medía unos 30 centímetros. Tenía una cabezota, 30% del cuerpo era la cabeza. No hablaba. Solo hacia señas. Tenía unos ojotes tipo cabeza de marciano. El desgraciado se quería hacer el vivo! No me dejaba bajar del taxi hasta no pagarle. No sé como logre entrar a una tienda, comprar unos cachitos y pagarle con los cachitos y salir corriendo!!!

Llegué hasta el piso donde estaba tu mamá. El piso, que creo era el hospital, tenía muchísima luz. Unos ventanales grandísimos antiguos (como el edificio de la Toyota de la 10 de agosto y Carrión). No tenía cortinas y se podía ver los edificios de Quito de la parte del Itchimbía. No había un alma en todo el piso… hacía calorcito…



Camine y caminé hasta que le encontré a tu mama… que me dice: ¡ya está aquí! La Mafe estaba en una cama sentada, pujando… no podía más… le cogí de las manos… tenía una tela verde que le tapaba toda la vista y las piernas… solo se notaba que tenían las piernas abiertas y pujaba…

Yo me puse delante y de repente tu mama pujó, con fuerza, esfuerza pero sin sufrimiento. De repente fuiste saliendo… saliste… salió tu cabeza primero y luego todo el cuerpito… saliste a mis brazos, te recibí en mis manos… te recibí en medio del susto de la experiencia y la emoción de tenerte y recibirte y darte la bienvenida en este soleado y luminoso día de nuestro Quito… te arrope, te limpie… te abrace… nos abrazamos… reímos con tu mama… y quizá… quizá lloramos de la emoción… pero eso nunca lo sabremos porque el sueño se terminó…

Ya llegarás en unas semanas y sabremos cuánto te empezamos a desde entonces…