
Querida Dani:
El tiempo es como el agua: no se lo puede retener entre las manos, pasa rápido pero deja huella.
Mi programa actual de estudios es de 4 meses, los procesos de adaptación a nueva gente, circunstancias, aprendizajes y despabiles tienen siempre el reloj en cuenta regresiva. Apenas cuando una se está poniendo del todo cómoda, ya casi toca empezar a empacar de nuevo y despedirse de los nuevos amigos con los que ha costado entenderse a diario, de los paisajes que siendo ajenos se volvieron cotidianos, de lo que deja de llamarse vivencia para ser recuerdo, de lo que se empieza a extrañar antes de haber partido lejos.
Una universidad es una cuna de conocimientos. Entrar en ella es darse un baño de exposición a la sabiduría acumulada en libros, en los años que han visto sus edificios, en lo que transmite un profesor en sus clases, hasta en los compañeros (algunos más que otros, eso sí) pero sobre todo, en quienes pasan como el agua, que literalmente en una conversación de apenas una hora pueden enriquecerte con su ejemplo de vida y cambiarte algunas perspectivas, en bien de tu evolución personal.
Estando en Washington DC, la capital del imperio moderno de los países desarrollados ("la Roma del S.XXI"), el disco duro de las decisiones politicas mundiales, hemos podido reunirnos con las cabezas de instituciones duras: en lo intelectual, en lo financiero, en desarrollo social y/o comercial. Vamos ya 3 ex primeros mandatarios (Toledo-Perú, Fox-México, Aznar-España) desfilando por el podio de "los grandes" y ninguno ha dejado las enseñanzas de los dos personajes que te quiero presentar en este mensaje; adjunto sus fotos para que las atesores en tu memoria según lo que te transmitan sus rostros.
Primero conocimos a John DeGioia, presidente de Georgetown. Se graduó en la misma universidad (1979) que hace 25 años preside.
DeGioia es el primer laico (todos los anteriores desde 1789 han sido jesuitas) que sirve como presidente en Georgetown. Tiene su doctorado en Filosofia y esta muy interesado en temas del desarrollo internacional, más particularmente gira en torno a la ética.
Nos recibió en un salón solemne en el edificio más antiguo del Campus. Es un tipo bajito, algo calvo y colorado. Saludó a cada uno de nosotros, 28 estudiantes de América Latina, personalmente presentándose por su nombre, sin título ni cargo. Hablaba con una voz baja y aunque miraba a los ojos al saludar, entre una persona y otra caminaba con la mirada tímida recorriendo el piso. Primera impresión: un tipo o muy humilde o muy esquivo. Cuando el profesor coordinador del Programa lo instó a contarnos un poco de su visión para la universidad, del enfoque que tiene su gestión para la institución, de pronto se transformó ante nuestros ojos como un capullo en mariposa. Su porte adquirió grandeza por saber sostener sólido un mensaje firme y claro, pero siempre humilde, como en el principio se percibió. Gran lección escuchar a un tipo que busca multiplicidad de criterios, nacionalidades y creencias religiosas en un mismo sitio, para fomentar el entendimiento de la humanidad en un centro de conocimiento. Gran responsabilidad escucharle decir que solicita nuestra ayuda para hacer de Georgetown, esta super universidad, algo útil para nuestra región.
Al poco tiempo nos avisaron que venía a dar una conferencia el Premio Nóbel de la Paz 2006, Muhammad Yunus. Este economista fundó el movimiento Grameen con quienes ha promovido la creación de desarrollo económico y social desde abajo. El micro-crédito rompe la pobreza y por lo tanto alcanza la paz duradera. Las mujeres de Bangladesh, quienes empezaron siendo deudoras ahora manejan el banco y también fueron premiadas por este ejemplo evolucionario de asociar capitalismo con responsabilidad social.
Recibimos con una ovación de pie a este hombre de piel curtida y luminosa, ojos rasgados llenos de felicidad, vestido de manera sencilla, representando a su cultura y a su pueblo. No llevaba notas y no dudó nunca de las frases que concatenarían su interveción, de lenguaje accesible y mensaje poderoso. Nos contó la historia de cómo se le fue ocurriendo una idea loca. Para llevarla a la realidad debía dejar de pensar con parámetros tradicionales y cambiar los paradigmas. Pensó que todo ser humano tiene el derecho y el potencial de crear desarrollo para sí mismo si se le da la oportunidad; para que puedan empezar con sus proyectos había que prestarles dinero. Pero los bancos nunca han considerado un buen negocio prestarle a quien no puede pagar. Yunus pensó que las personas no deben ser juzgadas como dignas a ser sujeto de crédito, sino los bancos deben ser juzgados de ser dignos para las personas que quieren crecer. Él sacó un préstamo a su nombre para a su vez, repartirlo entre las mujeres organizadas de una comunidad. Hasta hoy, no ha perdido dinero, y más aún con este empujón inicial, ha sacado a mucha gente de la pobreza. Todo empezó con 42 personas pidiendole $27.
Quería dejar por escrito esto para nunca olvidar que el 14 de marzo estuve en presencia de una idea genial pero simple, que vista de manera distinta genera un impacto en el mundo y su gente; que cuando la humildad y la grandeza conviven en la misma persona, la esperanza y la inspiración se expresan en lágrimas porque no hay palabras que alcancen a describir la luz que emanan y contagian, qué más que eso, rescatan porque es una luz que todos llevamos dentro pero que necesitamos descubrir, recargar o amplificar según el caso.
Paz para todos y todas. MaFe.
Marzo, 2007

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