Yo colecciono con cariño todas mis fotos escolares, que venían en una carpetita con la toma individual y la grupal. Algunas caras desaparecían anualmente pero la mayoría permanecían siempre las mismas, con más edad cada vez.
Como muchas cosas en mi vida desde que tú llegaste, apenas este año cuando anunciaron las fechas de la foto, profundicé en cúan diferente sería esa cronología visual para tí: el país de tu nacimiento, Sudáfrica, nos albergará por un tiempo determinado por el trabajo del Juano y luego seguiremos un camino que no sabemos a dónde nos llevará. Quién sabe si te vuelvas a encontrar con tus primeros amigos o regreses a la tierra de tus orígenes.
Por eso, tu primera escuela, tus primeras profesoras y tu primer grupo de compañeros serán gente tan especial en un recuerdo vívido para mí y quizá medio subconciente para tí. Te llevé a la escuelita ese día con el vestido y el cintillo regalados por la Tía abuela Chabela con tanta ilusión de verte preciosa, y puesta mis zapatos de infancia que la Ouma Julia guardó cariñosamente 33 años hasta que tú los puedas usar.
Cuando los llevé al zapatero para cambiarles la suela, el señor me miró con una sonrisa sorprendida por largo rato y una clienta viejita que esperaba su turno comentó "that is so beautiful!". El día que debía retirarlos no encontraba el recibo pero fui con la certeza que no habrían otros zapatos iguales para que el personal me recuerde: fue hermoso que ni bien empecé la historia de cuál fue el servicio que solicité, quien me atendía me interrumpió y dijo "I remember perfectly: your mom kept your shoes so that your daughter can use them some day and now they are being fixed, that is something very special!" mientras me los entregaba lustrados y brillantes como su sonrisa. Estos son los momentos de conexión humana que nos regala la vida pequeñita mía, esos que me ponen los ojos vidriosos de alegría que no sólo disfruto yo sino quienes se cruzan en nuestro camino, como el zapatero.
Es una lástima que ese día tu profesora Grace no asistió a clase, única vez en el año que se ausentó por un tema personal, y no consta en la foto. Le guardo mucho cariño porque ella fue a quien le entregué la posta de ser quien te enseñe en un sistema escolarizado una vez que salieras de casa a un nuevo ambiente. De voz ecuánime y mirada gentil, de gestos honestos, compasivos pero no condescendientes, asistir a su clase una mañana me convenció para ponerte en esa guardería.
Ella es la única docente negra de la escuelita: el color de una persona no es relevante en sí mismo, pero en este caso canalizó ciertas cosas como por ejemplo el hecho de que aprendas una canción en Tswana que convoca a los niños a venir a la escuela con una campana: "Bana base kolo (x2) ethlán sekoló (x2) utla sipi yala (x2) din dong belelé (x2) -yo tuve que pedir que me la escriban para cantar contigo, porque cuando lo intenté así de oídas me corregiste diciendo que así no era...-. También marcó una diferencia contundente en una situación extrema. Una mañana me encontré con tráfico inusual una cuadra antes de llegar a tu escuelita. Se acercó a mi ventana una vecina de la zona a informar que debíamos tomar una ruta alterna, pero te vió en el asiento trasero y corrigió diciendo que si ibas a la escuelita que deberíamos estacionar y entrar por la puerta lateral ya que la policía había acordonado la escena de un crimen sucedido frente a la puerta principal del establecimiento. Aturdida de incredulidad seguí sus instrucciones y traté de hacer nuestra rutina como si nada; mientras entrábamos a las instalaciones pregunté en voz baja por lo sucedido. Aunque el personal manejó con bajo perfil la truculencia de la historia -mamá víctima de sicariato por disputa doméstica de divorcio- todas estaban visiblemente afectadas por lo que había pasado. A cada paso que daba camino a tu aula me debatía entre dejarte ahí o llevarte de regreso a casa, pero cuando lo conversé con Grace noté cuán en control estaba ella de sí misma y del ambiente es su clase donde todo iba de lo más normal. Con una lógica alejada de todo atisbo de luto, me explicó que si bien la situación era triste no era un caso delincuencial común sino un ataque personal, que por lo tanto la escuela no era blanco de nada y que toda la mañana estarían rodeados de policías hasta que cumplan con su deber. En este país la gente negra lidia con la muerte todo el tiempo y quizá sea un tema cultural difícil de entender para quien lo ve desde fuera, pero no hay ese lamento de luto que se manifieste notoriamente al menos. Así que ese día tu profesora en realidad era mejor compañía adulta para tí que yo misma que quedé enferma con este cuadro que parecía sacado de una película de horror y me afectó mucho porque un niño de tan sólo 4 años, Benjamin, perdió a su mamá por la ceguera de la violencia egoísta: el mundo muchas veces es un lugar incomprensible y torcido, pero la fuerza de seres de luz como tú curan al planeta y le dan esperanza a la especie.
En fin, volviendo al tema de la foto en sí misma, salió tan bonita que decidimos sería el regalo de navidad en diciembre para los abuelos, los oupas y las tías.
Para la memoria, los nombres de la foto grupal que es el vivo ejemplo de la multiculturalidad de Sudáfrica: de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha.
Primera fila:
1. Anton Janse van Rensburg
2. Jayden Lilley
3. Anastaisia Brousali
4. Kayleigh Thiele
5. Noah Castro
Segunda fila:
6. Hlumelo Gxoyiya
7. Franca Navarro
8. Henry Whitlock
9. Anna Pannousis
10. Joshua Greyvenstein
11. Alex du Preez
12. Enzo Thompson
13. Nathan Kamago
Tercera fila:
-Asistente del área de actividades sensoriales con agua, Mary-.
14. Jonathan Rutembasa
15. Yulia Suzuki
16. Tawana Gandhi
17. Erin Gardiner
-Asistente del grupo amarillo (edad de 18 meses a 3 años) Dora.

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