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martes, 22 de noviembre de 2011

4o Piso - La primera Decada 1971 - 1980


Trajiste a mi vida sabores sublimes! 
 Complementaste esos tonos y aromas que tu mami me regala desde hace 7 años… hoy cumplo 38 años mas de los que tu ya tienes en este lado de la vida y te quiero regalar un recuento de lo que ha sido este divertido trajinar… pero sobre todo quiero compartirte varias de las razones por las cuales a mis 40 me siento bendecido y agradecido con la vida… me siento un tipo con suerte, feliz, amado, querido y sobretodo afortunado… voy a hacerte un recuento en cuatro partes cada una correspondiendo a una de las décadas… habrán cosas que no entenderás y las conversaremos, otras que nadie las sabia y otras que las he compartido a lo largo de la vida con quienes he caminado todo este tiempo…  aquí los 40 actos…

1971.     Me conocieron en la Clínica Moderna (ya no creo que existe veras pero estaba justo detrás de la casa de los abuelitos del tío Fabian y la tía Miche) a un par de cuadras de la casa de la abuelita Lucha en la Lizardo Garcia y Juan Leon Mera donde me dedique desde guambrito a comer las cacas del conejo pensando que eran capulies.
1972.     Aprendiendo a andar también aprendí a no meter la mano en el carbón hirviendo cuando el abuelo hacia parrilladas así que pase unos buenos días con los dedos ampollados…
1973.     La casa de la abuelita era lo mejor de la vida! En realidad era una casa con cuatro casas… creo q a los 3 años vivamos en el depar de más atrás… de una sola planta con un patiezote que tenía un capulí, un higo, una chirimoya y un cedrón! Seguro fue el higo donde empece las primeras trepadas o intentos…
1974.     El patio de la abuelita tenía una piedra de lavar de las típicas (cuando leas esto te tengo que describir y explicar cómo eran) de cemento gris gris… con un agua helada que donde una señora chiquita de piel bronceada y resquebrajada por la vida que le decíamos MamaSara pasaba horas fregando ropa de la abuelita… La MamaSara me dejaba meter las manos en el agua y en la espuma del jabón El Macho que usaba para lavar… (una barra azul con una X blanca)
1975.     Creo en este año nos fuimos a Shell Mera para que el abuelo haga su año de medicina rural en el hospital del Voz Andes allá. Tengo tres imágenes… que me han marcado la vida… el lodo y los carros enterrados en la carretera de Baños a Puyo mientras la gente empujando los buses con lodo hasta las rodillas y el principio del río Pastaza a la derecha siempre! … el ruido y color del Pastaza desde la tarabita (que era una jaula!) que había que usar para cruzar el rio. Y el olor de los arboles de plátano en la quebrada donde jugaba con un niño sordomudo de Shell buscando botellas de suero que el hospital botaba luego de usarlas.
1976.     No me acuerdo de la primera pesca. Puede haber sido en San Marcos, en la Mica o en Papayacta. Lo que si me acuerdo es de las 4 capas que había que ponerse antes de salir de madrugada, del frio en el paramó, del amarillo de los pajonales, del humo de las tasas con café que tomaban y los sanduches de jamón, de cómo se viraban los jeeps en los caminos q parecían jabón… pero dos imágenes q no se me borran nunca: la cruzada del río para llegar a la Mica cargados del bote, el motor, y el equipo de pesca para caminar por una hora hasta llegar a la laguna… y la lavada de las truchas en el lavabo de la cocina de la casa de la abuelita Luz. Aprendí también lo que significaba la tristeza de ser pobre: fue en ese encuentro en la puerta de la casa de la bisabuelita Luz donde una mujer indígena llena de guaguas sucios con los mocos chorreándose llegaron a pedir la navidad mientras nosotros entrabamos a la casa y no hicimos más que ignorarlos y entrar corriendo para cerrar la puerta tras nuestra espaldas en noche buena.
1977.     No había cosa más rica que comer donde la abuelita Luz. Cocinera siempre. Tenía un local que se llamaba Las Empanadas en la casa de la Tata Marijuta y la Aidita en plena esquina de la Roca con la Paez. Chiquito el local vendía las mejores empanadas de morocho del mundo, unas tortillas de maíz que calentaba en un horno eléctrico viejo viejo color negro con unas resistencias rojísimas que cada vez que abría la puerta la abuelita la cocina se vestía de un rojo mertiolate.
1978.     De primer a cuarto grado estudie en el Borja 2. Iba caminando, no me acuerdo si solo o acompañado, y me daban cinco o diez sucres para el bar. Hay dos cosas que me acuerdo muchísimo tenía un par de compañeros gemelos, los Gonzales, que tenía un lunar el la cara y el cachete rojo rojo y otro que solo  me acuerdo que le decían Meteoro porque le gustaba dibujar carros de carreras parecidos al Mac 5 de meteoro. El man era buenazo para el futbol. Jugábamos en canchas de pavimento y del único partido que me acuerdo ganamos porque el arquero de nuestro equipo saco tan alto tan alto desde el arco que llego hasta el otro lado y metió gol de arco a arco. Como me acuerdo de ese gol y la barra del grado que decían: Siete siete siete, mi equipo es Ultrasiete” en honor a una serie japonés que pasaban por tele en esos años.
1979.     Este año nos fuimos a vivir a Buenos Aires – o fue el año pasado? Chuta, hay que preguntarles a los abuelos. Tres cosas marcaron mi vida por allá. La primera noche que pasamos en la casa de la tía Loli, me oriné en la cama! Me sentía tan avergonzado que quiso esconderlo poniendo sobre la cubrecama otra igualita – claro nadie sabía donde se metió la cubrecama de la otra cama hasta que descubrieron el accidente. Vivimos en un pueblito fuera de Buenos Aires llamado Castelar que tenía un árbol grandísimo en un terreno baldío donde siempre se me enredaban las cometas. Finalmente, se me ocurrió pelearme con un nido de hormigas! Le metí un patazo que lo destruyó casi por completo pero miles y miles de hormigas se me subieron por todo todo el cuerpo. Corrí por casi dos cuadras desesperado tratándome de quitar la ropa hasta llegar a la casa… no lo logre. Termine con ropa y todo en la ducha…
1980.     Volvimos al Ecuador a vivir en la casa de la Abuelita Luz – tu bisabuela, la mami del abuelo Patricio. Fue un año de travesuras. Pero también fue la primera vez que sentí tristeza por otros. Travesuras porque el bisabuelito Polo era dentista y tenía su taller en la casa con miles de piezas, tornos, taladros, pero sobretodo tenia miles de miles de dientes – era lo mejor del mundo hacer dentaduras postizas con unos dientes rarísimos que tenia! Los bisabuelitos también tenían un perrote que se llamaba Negra. Ni idea que raza pero era grandote! Era lo mejor bajar corriendo a abrir la puerta de la casa cuando llegaba el abuelo Patricio y verle a la Negra “patinar” en las baldosas o recibirle al Papi metidos en el auto antiguo del bisabuelito. Ese año desapareció el auto y la Negra. Nunca supe donde se fueron. Finalmente, el bisabuelito se enfermó. Me acuerdo q no podía ir al baño, pasaba postrado en la cama. La bisabuela se pasaba cuidándole. Un día el abuelo Patricio y la bisabuelita Luz se metieron al cuarto del bisabuelito Polo. Luego supe que estaba estreñido y necesitaban hacerle un lavado intestinal. No me aguante las ganas de curiosear y me trepe la pared del vecino para espiar por la ventana lo que hacían. Pobre bisabuelito. Le dolía todo – se quejaba! Su cara era de dolor y tristeza. La bisabuelita le cogía, le acariciaba y le hablaba mientras el abuelito patricio le ayudaba.

2 comentarios:

  1. Mi chulpi hermosa, el papi te ha ido dejando migas de recuerdos, para que cuando seas más grande lo conozcas bien en esos pequeños detalles que hacen la vida y que lastimosamente a veces la memoria pierde. Por eso este ejercicio lo lleva a él, y con él a tí, a casa -la base de lo que eres-. Es como cuando Pulgarcito fue dejando migas de pan para saber cuál era el camino de regreso a su hogar, pero los pajaritos se las comieron y él se perdió. Por suerte ahora tenemos vitácoras coo el Tinkui para que tú no te pierdas de saber los detalles de tu vida desde antes que te acuerdes.

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  2. Franca,
    el niño en Shell con el que tu papi jugaba no era sordomudo. Era sordo. Los niños sordos; al no escuchar las palabras no saben decirlas y esto no quiere decir que no puedan aprender a decirlas. Sí, el papi no puede saberlo todo, y yo soy la filatica de todo activismo que ayuda a explicar.
    Tuya;
    La Negra

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"Calla si lo que tienes que decir no es más bello que el silencio" (proverbio árabe): la idea es que esto le sirva a la guagua luego...