Los Ochenta fueron los anios del desenfreno... de la independencia... de la rebeldia...
1981. El abuelo Patricio llego un día a decirnos que nos volvíamos a la Argentina. Es la primera vez que recuerdo tener iras. No quería irme. No quería irme del colegio. No quería dejar a mis primos. Llore. Me emperre. Me acuerdo tirado en la cama sin querer hablar con nadie… unas semanas después estaba sentado en un avión rumbo a Buenos Aires… vivimos en un depar con patio pero obscuro y frio en la juncal y Larrea. este año… pase jugando futbol, comiendo hotdogs con mostaza, aprendí a coser, me acusaron injustamente de haberle roto los lentes a una niña de la escuela y la profesora no me dejo salir al baño y me hice popo en los pantalones! Tenía tanta rabia con ella y vergüenza con mis compañeros. La abuela paquita me ayudo a bañarme y quitarme toda la ropa.
1982. Volvimos al Ecuador, pero no pude volver al Borja 2 ni pude estar en el mismo cole que mis primos. Me cambiaron al Intisana. No conocía a nadie. Llegue a 5º grado. Entre a la clase con un profesor barbudo y alto llamado Carrera que lo primero que hizo, con voz de mando histérica, fue ordenarme que me sume a los ejercicios de castigo de todo el grado por indisciplinados abriendo los brazos y con el carril (llenito de todos los libros y cuadernos) hacer sentadillas hasta que las piernas ya no me dieron más.
1983. Del Intisana hice, luego de la pata de primos, mi primer grupo de amigos (el loco Velasco, mono anda, Jaime Sanchez, joey clinch, lucho vintimilla de los que me acuerdo). Con ellos tuve mi primera experiencia preadolescente de cigarrillos, alcohol, y revistas de adultos… éramos una pandilla de desadaptados… en el viaje de fin de año en Chorlavi tapamos por lo menos 8 baños con papel higiénico q luego nos toco destapar con la mano! El Pato Jervis y el Sr. Bastidas nos descubrieron y pues ese fue parte del castigo!
1984. Empezó la vida de la secundaria en el San Gabriel – como “chucaro” – mal comienzo! Ahí pasaría los siguientes 6 años hasta los 18. Me pase del Intisana porque quería hacer montaña con mi tío Pepe y primos. La montaña y el club de Andinismo vino también con la pesada mano del Chapa Espinoza que no tenía otra metodología que enseñar respeto y disciplina a través de gritos, sobresaltos, castigos y amenazas. Infundía miedo y temor. En todo caso, este abuso de poder se “justificaba” por salir a la montaña cada quince días… así conocí el Ruco Pichincha, Carihuairazo, Puntas, Corazón, Illinizas, Cotopaxi, Morurco, Rumiñahui, Pasochoa, Cayambe, Imbabura, las lagunas del cajas, Mojanda Cajas… Luego aprendí, tarde en la vida, Pekenia mía que ningún abuso de poder (por la fuerza, sicológico, por palabras o por discriminación… o por cualquier o bajo cualquier excusa) se justifica… otra gran lección de la vida educándome en uno de los mejores colegios de Quito bajo la compleja estructura jerárquica y machista de la educación cristiana… y aunque no te salve de estos exabruptos de la sociedad la educación, mi vida y la tuya en particular, será laica hasta que decidas el camino que desees seguir..
1985. Este año volvimos a vivir en la casa de la Mariscal de la bisabuelita Lucha y fue el mejor pretexto para seguir con una tónica de independencia que empezó con la “casita en el árbol de chirimoya” y que ahora significaba ir al colegio en bus… si mi amor, en bus de línea, en transporte público. Cogía el Colon-Camal hasta la Av. America y luego cualquier bus o buseta que pasase frente al colegio… no era gran lio el recorrido pero lo maravilloso de la calle es que te enfrentas a decisiones, situaciones y personajes maravillosos: la lustrada de zapatos, el mote de canasta, los chochos con tostado, el mendigo, los cantantes del bus, el olor de la gente, el vaho en los días de lluvia, los frenazos, el subirse y bajarse del bus al vuelo, los uniformes de los otros colegios, la carne en palito, las empanadas de viendo, la caramelera de la esquina… el mendigo… los accidentes de tránsito… los cientos y miles de diferentes rostros que te rodean y que son tan invisibles… Este año trajo otra de las enseñanzas de un colegio de varones cristiano: la de sentirte “bien hombre” por libar copiosamente… a pesar de que la primera experiencia luego de 6 galoneras de Moscatel Real (vino dulce) compradas en el Supermaxi del CCI sin restricción alguna y bebidas en la Carolina nos llevaron a sentirnos infames borrachitos sin capacidad siquiera de mantenernos en pie más de 40 pasos seguidos…
1986. No tengo claro si fue en 2º o 3er curso que fue a mi primera fiesta! Fue lo más chusco del mundo. La abuelita Paquita me llevo de compras al Centro Comercial Caracol, compramos un saco/sweater de cachemir… azul lindísimo! Pero que picaba como un demonio! Era fiesta del curso de la prima Caro Lecaro… Me fui todo pulcro… creo que hasta con corbata y peinadito! La típica fiesta de adolecentes tímidos q no saben cómo ni cuándo deben sacar a bailar a las chicas… y por supuesto… cuando finalmente alguien o alguna fuerza sobrenatural logra hacerlo todos se forman en fila y bailan casi casi por inercia sintiendo una vergüenza de esas que solo los hombres podemos sentir bajo esas circunstancias. Claro… hasta que agarras confianza! Y en mi caso…justo cuando ya me sentía como un rey… ya entiendes la lógica de las fiestas, aprendes las excusas para acercarte a una chica con quien cruzaste una mirada sin entender porqué pero que te causa un no-sé-que-que-qué-se-yo ¡llegaron a recogerme! ¡Y me avisan en frente de todos los invitados! (que falta de tacto adolecente, ¿no? Jajaja) Trágame tierra! Los abuelitos llegaron a recogerme a las 10 de la noche! Nooooo! Era el primero en irme!!!! En un colegio de hombres… lo último que aprendes es a bailar. Por eso la vida de adolecente con las León (Marga, Sole y Caro) fue muy bacana. Con ellas aprendí a bailar en la casa de sus abuelitos en Cumbaya. Las reuniones con los “tíos” Leon, Donoso, García… eran la mejor excusa para copiar lo que las Leon hacían con sus compas del Isaac Newton… hacían coreografías, bailaban en pareja, organizaban ginkanas… claro y con los tíos no podíamos de dejar de jugar futbol y jugar ecuavoley… eran unos fines de semana bacansísimos… aprender a bailar significó empezar a disfrutar a tope de las vacaciones largas en Playas… la Pata de la Playa crecía cada año y con ese crecimiento las actividades… ya no éramos solo los primos Lecaro-Maino (2), Lecaro-Davila (5), Salarzar-Lecaro (3) y Navarro-Lecaro (4) sino que nos sumábamos a toda la tropa de adolecentes que éramos unos 25 o 30… a farrear, surfear y jugar en la playa… épocas de Franco de Vita… eran esas…
1987. Para cuarto curso… finalmente crecí! Ya no era de los cinco más chiquitos de la clase – lo cual era una tortura por la angustia que significaba ver a todos mis amigos y amigas despegar mientras yo seguía más cerca del pavimento que del cielo. Ya había pasado por tres enamoradas, una de la cuales me botó por ser más bajo que ella… y la otra que le decía Pequitas, se aburrió de mi porque nuestra pseudo relación que no llego sino a un piquito… surgió con una declaración a través del “chismin” o “chismografo” que es básicamente la versión temprana y a mano escrita del Facebook… Este año en el cole fue el de la vagancia… pasando literalmente pereado del 60% de las clases… jugando ecuavoley, fútbol, comiendo papas de la María en la Mañosca o tirado en la zona de barras… También fue el año sin vacaciones de verano por quedarme suspenso en Literatura… y evidentemente el año de los conflictos de la edad del burro con los abuelitos… en particular con el abuelo Patricio.
1988. Quinto curso fue el año de las farras. Deje de salir a la montaña, me quede suspenso en matemáticas y física, tuve una de las mas importantes lecciones de vida al entender porque un amigo no se compra ni se vende sino que se lo alimenta en las buenas y en las malas… tampoco volví a Galápagos a pasar vacaciones ni a Playas con la familia… mas arisco y mas distanciado de los abuelos… tuve mi primero de más de 10 accidentes de tránsito… en el auto que me robe del abuelo Patricio… un BMW 323 de los ochenta… este año (o fue el anterior) me llevaron a un sicólogo por varias sesiones – nunca supe su sirvieron ni me importo preguntar. Deseé con todo mi corazón cambiarme al Isaac… les insistí a los abuelos – nunca supe si ellos lo consideraron – sin embargo permanecí en el San Gabriel… lo cierto es que mis amigos de fiesta y diversión estaban en el Isaac y mis amigos de chupe en el colegio jesuita…
1989. Llego al fin sexto curso… se acababa al fin el yugo jesuita… Los abuelos finalmente inauguraron la casa de Miravalle que construimos gracias al apoyo de los tíos (tío Leo Donoso, el tío Diego Villavicencio y los Garcia con quien compartimos el terreno), el IESS y los viajes a Ipiales o pasto a contrabandear baldosas o la grifería… Nunca me voy a olvidar el día que fundimos la losa del 2º piso. Fue tan simbólico quedarnos esa tarde hasta la noche viendo a los maestros acarreando las carretillas de cemento y la vibradora sonando incesantemente… pasando copitas de trópico para aguantar el frio entre todos… Este año también nos dejó la Abuelita Luz. Hace rato que ya no vivía en la casa de la Cordero sino con una señora que le cuidaba por Tumbaco. Paso sola los últimos años. Estoy seguro que sufrió mucho… sufrió de soledad… sufrió en el silencio de la distancia que nos separaba y que nunca pudimos o quisimos llenarlo… Me acuerdo tanto recogerla de su cama flaquita flaquita, casi en huesos, envuelta en las sabanas de su último techo para llevarla en el jeep hasta la casa de Miravalle para que la abuelita Paquita la limpie y le vista. En ese trayecto que duraría unos 20 minutos me acuerdo pasando los eucaliptos del Club del Nacional mientras lloraba y le acariciaba el cuerpito cubierto en el sillón del copiloto…
1990. De 1700 y pico de aspirantes que dimos el examen de ingreso a la facultad de Administración de la PUCE – sin haber hecho el más mínimo esfuerzo por estudiar – obtuve una de las 10 calificaciones más alta para el ingreso. ¡Quizá por esta razón los abuelitos nunca consideraron que saliera del San Gabriel como opción! La alegría no me duro mucho porque la PUCE resultó ser una extensión del San Gabriel (cristiano, jerárquico y machista) del cual egresé con tristeza ya que termine peleado y distanciado con casi todos mis amigos de la secundaria – que de a poco he ido recuperando el contacto. Lo cierto es que nunca más volví a pisar el colegio, perdí el semestre en la PUCE y entre formalmente al mundo laboral con mi primer trabajo en una tienda que vendía artículos importados de contrabando desde USA – todo perfectamente legal… Además me quede de remiso sancionado. Nunca creí en los militares ni el servicio militar obligatorio… ni en la fuerza para alcanzar la paz o mantener la paz… me inventé un viaje justo en las épocas de la llamada al acuartelamiento que terminó “evitando” que “sirva a la patria”… puro bluf! Además la amistad con el Cabezón Pesantes y los Intisanas hizo que empiece a pensar en otros rumbos, otros espacios, otras relaciones… este año del yoyo Coca Cola fue un romper con la adolescencia sin saber que quería de universitario…

No hay comentarios:
Publicar un comentario
"Calla si lo que tienes que decir no es más bello que el silencio" (proverbio árabe): la idea es que esto le sirva a la guagua luego...